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images (2)¿Quiénes participan en el estrés y en las relaciones sexuales?

Sabemos que el sistema nervioso humano está dividido en sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y en sistema nervioso periférico (resto de vías). A su vez, este sistema nervioso periférico está dividido en sistema nervioso somático, que a grandes rasgos es el que lleva desde los órganos receptivos al sistema central la información sensorial y desde el sistema central a los músculos la información de movimiento, y en sistema nervioso autónomo, que es, por así decirlo, ese que actúa “por libre” sin que seamos conscientes de que esté en funcionamiento ni podamos ejercer control en él (al menos sin entrenamiento específico). Este sistema nervioso es el que regula procesos como la respiración, los latidos del corazón, la secreción de hormonas, etc, y por ende regula buena parte del acto sexual. Es el protagonista en la explicación de la disfunción eréctil en sujetos estresados.

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Esquema de las funciones del sistema nervioso autónomo simpático y parasimpático.

En el sistema nervioso autónomo del ser humano se reconoce en primer lugar la división simpática, que es, a grandes rasgos, la dedicada a poner en marcha ante los estímulos respuestas de tipo inconsciente como el aumento de la frecuencia cardiaca, aumento de la sudoración, dilatación de las pupilas, quema calórica, etc. Es, por así decirlo, nuestra parte derrochadora, el sistema que nos hace gastar recursos, que nos “pone en alerta” y que también nos prepara para respuestas como la agresión o la huída. También se encarga de la eyaculación masculina.

La otra parte del sistema nervioso autónomo es la división parasimpática. Se encarga, a grandes rasgos, en el funcionamiento normal del cuerpo del ser humano en la cotidianeidad: la digestión, la micción, la tasa cardiaca, etc. Es nuestra parte ahorradora y que preserva nuestra “normalidad”, la que nos permite recuperar los niveles normales de actividad tras los esfuerzos desencadenados por la división simpática, la que relaja nuestro cuerpo. También se encarga de la erección del pene.

Seguramente ya te has dado cuenta de que sus funciones se pueden resumir en una frase como la siguiente: el sistema simpático nos estresa, actúa en situaciones de estrés, nos hace responder ante lo que nos estresa, mientras que el sistema parasimpático nos desestresa.

El problema es que el ser humano tiene una serie de recursos limitados (sangre, oxígeno, hormonas, atención, etc.), por lo que el sistema simpático lo que hace es reorganizarlos y concentrarlos en donde son útiles para salir de situaciones de estrés.

8c846287185aFilogenéticamente, las respuestas útiles al estrés del ser humano han sido las de huída o ataque: huir de este león que me ruge o atacar a este individuo que ya me está atacando. Por esto, en situaciones de estrés los recursos se van a concentrar donde son eficientes en la huida/ataque: por ejemplo, mayor riego sanguíneo para la musculatura esquelética para correr o para golpear con fuerza. Por supuesto, el ser humano no es capaz de producir más sangre para responder a esta mayor demanda de los músculos, por lo que debe utilizar bien aquella de la que dispone: las partes del cuerpo “inútiles” para estas respuestas pasan a estar menos irrigadas que los músculos esqueléticos que nos permiten huir o atacar.

¿Qué tiene que ver todo esto con la disfunción eréctil?

Lamentablemente para el ser humano, mientras que el entorno ha cambiado a velocidad de vértigo no lo ha hecho nuestro sistema nervioso. Ahora nos estresan cosas muy diferentes a las que nos estresaban en épocas anteriores. Donde antes nos estresaban los leones, ahora nos estresan los valores bursátiles, las hipotecas impagables, los malos conductores, etc. El problema es que nuestra respuesta al estrés sigue siendo la misma: aumento de fuerza, sudoración, aumento de la tasa cardiaca… ¿De qué nos sirve esto cuando pensamos en la caída del valores de bolsa? Para nada, pero las situaciones de estrés siguen provocándonos los mismos síntomas.

A ninguno de nuestros ancestros se le ocurriría intentar tener relaciones sexuales mientras un león le persigue o mientras está cazando su alimento, además de por lo inútil para la supervivencia y la habilidad gimnástica que seguramente requiera tal escena, porque simplemente sus sistema simpático requiriendo la mayoría de la sangre para sus músculos en movimiento explosivo no se lo permitiría. En cambio, en la actualidad, un hombre que llega a casa pensando en el hundimiento de sus acciones o en lo catastrófico de una inversión, un hombre estresado, no tiene impedimento situacional para tener una relación sexual. Pero su cuerpo está respondiendo al estrés de la misma manera que nuestro ancestro huyendo del león.

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Esquema de procesos corporales en situación de estrés.

 

Cuando un ser humano intenta tener relaciones sexuales en estas condiciones, simplemente su cuerpo “no está por la labor” porque está ocupado en una huida/ataque, en un enfrentamiento a un problema aunque para nuestros estresores de hoy en día una respuesta de huida/ataque sea más bien inútil (si se desea actuar dentro del marco legal). La sangre que necesita el aparato sexual masculino para funcionar es requerida por el sistema simpático en otras zonas de nuestro cuerpo. El sistema simpático de este ser humano está activado, de modo que la erección es dificultosa (la musculatura de esta zona corporal está inervada por el sistema parasimpático) y, además, si la logra, la eyaculación seguramente será precoz precisamente por esta activación simpática.

images (3)El acto sexual pone en marcha una compleja vertebración de ambos sistemas: mientras que el sistema simpático nos prepara para el esfuerzo físico en el resto del cuerpo, el sistema parasimpático se encarga de preparar nuestros órganos sexuales, en el caso de los hombres, de la retención de sangre en el pene para su erección. En los casos de gran estrés, simplemente el sistema simpático “gana” y no permite al sistema parasimpático retener la sangre en el pene porque esta es necesitada en el resto del cuerpo para un fin más útil: por encima de la reproducción siempre es más importante para nuestro cuerpo la supervivencia inmediata.

Existen muchas causas posibles para la disfunción eréctil, pero una muy común es la que acabamos de comentar. Por suerte, su solución es relativamente fácil y se precisa ante todo tratamiento psicológico y sencillas técnicas de relajación más que medicamentos para evitar que se vuelva un trastorno crónico.

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