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Bacteria Clostridium

Si alguna vez de pequeño te pinchaste en la playa o en la piscina con algún clavo oxidado, seguro que conociste la palabra tétanos. Seguro que tus padres te llevaron rápidamente a que te pusieras la vacuna contra esta afección si no te la habías puesto ya. ¿Pero qué es este temido tétanos que vive en las cosas oxidadas?

En primer lugar cabe aclarar que el tétanos no es asunto exclusivo de las cosas oxidadas. Es una afección que trasmite la bacteria Clostridium, presente típicamente además en suelos de cultivo y en el estómago de algunos animales de ganadería (por lo que también está presente en sus heces). Se transmite normalmente debido a cortes y heridas punzantes con objetos en los que se haya desarrollado esta bacteria.

El tétanos es una afección que trastorna el funcionamiento normal del sistema nervioso del ser humano. Concretamente, las toxinas que libera la Clostridium afectan a unos elementos muy específicos del mismo que mencionamos en el post de ayer “Tus neuronas reciclan“: los neurotransmisores. Sus toxinas tiene preferencia por dos en concreto: el neurotransmisor GABA y la glicina, afectando a las proteínas que intervienen en su liberación, pero no de cualquier neurona. La Clostridium tiene “fijación” por las neuronas de Renshaw, unas neuronas que se encuentran en la materia gris de la médula espinal.

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Ilustración de una risa sardónica, síntoma de una infección por tétanos causado por la contracción involuntaria de los músculos faciales.

Estas neuronas de Renshaw son un tipo de interneuronas, es decir, las neuronas que conectan células que traen información desde el encéfalo con las neuronas que llevan la información a los músculos y cuya función suele ser la de modular esa transmisión de información (generalmente inhibiendo la señal). Afectadas por el tétanos, empiezan a malfuncionar. La falta de los mencionados neurotransmisores en el ser humano significa que los nervios musculares se hiperexcitan, lo que deriva en los síntomas típicos de la enfermedad: espasmos y rigidez muscular (especialmente mandibular y facial), sudoración, fiebre y taquicardias (cuando afecta al sistema nervioso autónomo), e incluso la contracción total y duradera del cuerpo entero cuando la afección es muy grave.

Aunque en los países desarrollados es una afección del ser humano no muy desastrosa, la muerte por tétanos es algo común en los países en donde no hay acceso normal a vacunas.

Este trastorno es una muestra más de que el ser humano es una máquina química que precisa de un cierto equilibrio para su funcionamiento normal y supervivencia.

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