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¿Sabías que el ser humano tiene en su campo de visión un punto ciego? Probablemente no lo sepas porque el sistema visual se encarga de hacerlo pasar bastante inadvertido y a menos que hagas una sencilla prueba como la siguiente no lo encontrarás. ¿Qué necesitas para hallar tu punto ciego?

Para una mejor ejecución de la prueba, imprime en una hoja esta equis negra. Necesitarás también un lápiz y una bolita de papel de color, o un trozo de cartulina de color pequeño (o cualquier objeto pequeño, como una moneda de 1 céntimo).

punto ciego

Colócate en una mesa. Cierra tu ojo izquierdo y mira fijamente la equis negra marcada en esta imagen con el derecho. Colócate a unos 30 o 40 centímetros de la hoja. Ahora, con la mano derecha y sin perder la fijación en la x, traslada lentamente el lápiz sobre la hoja de derecha a izquierda como si fuese un misil que se aproxima a la x. Si lo estás haciendo bien, observarás que llega un punto en que la punta del lápiz desaparece. Marca ese punto con el lápiz y sigue con el desplazamiento. Verás que llega otro punto en que la punta reaparece. Marca este otro punto con el lápiz.

Acabas de delimitar tu punto ciego.

Ahora, para experimentar mejor el “vacío de visión” del punto ciego, coge la bolita de papel o el trocito de cartulina y mételo en esa región. Si miras la x con ambos ojos percibirás perfectamente el papel de color, no obstante, si cierras tu ojo izquierdo podrás comprobar cómo desaparece de tu visión.

¿A qué se debe este punto ciego?

No es que tus ojos tengan un problema de visión. El punto ciego se debe a una estructura fisiológica que necesitas para ver a cada momento: la papila óptica o disco óptico. Este es el punto de tus ojos por el que los diferentes axones de las neuronas que recogen la información de conos y bastones y la procesan en primera instancia (células ganglionares) lo abandonan en dirección al cerebro, conformando el nervio óptico. También por este punto es por donde entran y salen los vasos sanguíneos que irrigan los ojos.

punto ciego

Imagen de la retina del ojo izquierdo. La región circular clara es la papila óptica o disco óptico, el punto ciego. La región más oscura corresponde a la fóvea, el punto de la visión de mayor resolución.

Esta papila óptica es un punto ciego de unos 5º-8º de visión porque es una región de la retina carente de receptores (conos y bastones) debido a que “tienen que dejar sitio” a la salida de estos axones.

Normalmente no percibimos este punto ciego porque utilizamos ambos ojos para contemplar una escena. Cada ojo tiene su punto ciego en el mismo lugar, pero especularmente: ambos se sitúan en la retina nasal, es decir, la parte de la pared del ojo que está cercana a la nariz. Por este motivo y ya que cada papila óptica “cae” en un lugar diferente de la escena visual, el hueco que falta en lo que percibe un ojo lo “rellena” el otro ojo.

Lo que aún no sabemos del todo es cómo el procesamiento visual se encarga de rellenar ese hueco. Se intuye que este relleno se realiza durante etapas corticales de procesamiento y gracias a la información recibida por puntos circundantes a la papila óptica, como si nuestro cerebro construyese un parche a partir de esa información.

Si vuelves a la hoja de la x negra y atraviesas el lápiz en el punto ciego que has delimitado mientras mantienes abierto sólo el ojo derecho, verás el lápiz completo. Parece como si así el ojo, debido a que hay lápiz a izquierda y derecha del disco óptico, sí dispusiera de información suficiente para rellenar el hueco debido a que la información recibida en las áreas circundantes al punto ciego delimitado es similar. En cambio, cuando es la punta lo que cae dentro del punto ciego, el ojo no dispone en torno a la papila óptica de información suficiente para hacer ese relleno de una forma correcta (hay lápiz por la derecha pero no por la izquierda) por lo que el resultado es una distorsión en la visión del objeto.

Una muestra divertida de que el mundo que percibimos y el mundo en que vivimos no tienen, ni mucho menos, una correspondencia perfecta.

Lee más en “Neurociencia” Ed. Panamericana. P. 287

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