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male_brainEste post resultará curioso a aquellos que no reciclan normalmente sus residuos, pues se darán cuenta de que su existencia normal, como la de cualquier ser humano (recicle envases, plásticos, vidrio, papel o no recicle nada), depende en gran medida en que una parte importante de su cuerpo sí lo hace: sus neuronas. Vamos a ver qué es lo que recicla.

Sinapsis es ya un término prácticamente común en nuestro vocabulario, esas conexiones que las neuronas mantienen entre sí y forman parte fundamental de la funcionalidad del ser humano y de cualquier ser vivo con sistema nervioso (puedes aprender más sobre su importancia en “¿Por qué es mejor aprender cosas de pequeño?“). Existen dos grupos grandes de sinapsis en el ser humano: las eléctricas, de transferencia rápida pero invariable (no son plásticas, no se pueden modificar), y las químicas, de transferencia sensiblemente más lenta (aún así rapidísimas en términos globales) pero variables (plásticas, que se pueden modificar) y las más abundantes. Es en las químicas en las que nos centramos en este post.

Las sinapsis químicas reciben su nombre porque para transmitir el impulso nervioso a las neuronas con que conecta su axón precisa la mediación de unas sustancias químicas denominadas neurotransmisores. Estos neurotransmisores, cada vez que el impulso nervioso alcanza el botón sináptico (la “punta” del axón), son liberados al espacio microscópico que hay entre la neurona que transmite y la que recibe por la propia neurona que transmite. Seguro que el nombre de muchos neurotransmisores te resulta familiar: serotonina, dopamina, noradrenalina… Te resultarán familiares porque su carencia o exceso está vinculado a trastornos relativamente comunes del ser humano como el parkinson, el trastorno de déficit de atención o la depresión.

endocitosis

Esquema de la endocitosis. Fosas en la membrana neuronal recogen el exceso de neurotransmisor y lo empaquetan para ser utilizado de nuevo.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el reciclaje? Si el cerebro es capaz de “no caer” en trastornos derivados de la insuficiencia de neurotransmisores es precisamente porque es capaz de mantener unos niveles normales de neurotransmisores para establecer sinapsis, y si es capaz de hacerlo es en parte porque existe el mecanismo denominado reciclaje sináptico o endocitosis neuronal.

Como decíamos, cada vez que un impulso alcanza el terminal sináptico, el neurotransmisor es “volcado” en el espacio entre la neurona transmisora y la o las receptoras por las vesículas sinápticas, una especie de “cápsulas” que se funden con la membrana de la célula. Una vez que el neurotransmisor ha llevado a cabo su función transmisora, debe desaparecer de ese espacio o podría provocar problemas, como la hiperestimulación de la neurona siguiente o su hipoestimulación. Aquí es donde entra el lado más “eco” del cerebro del ser humano: las mismas neuronas cuentan con recaptadores de ese neurotransmisor, de modo que parte del exceso es de nuevo conducido al interior de la célula y empaquetado, otra vez, en una cápsula capaz de ser útil para la siguiente transmisión.

imagesSi las neuronas no dispusiesen de este mecanismo, cada transmisión “tendría que esperar” a recibir otro pedido de neurotransmisor, que se fabrica en el cuerpo neuronal y tarda un breve lapso en ser funcional. Es decir, el cuerpo nos funcionaría mal. Un trastorno del ser humano asociado a un mal funcionamiento de la endocitosis neuronal o reciclado sináptico es el síndrome miasténico congénito, el cual se manifiesta con debilidad muscular local o general y puede acarrear dificultades graves como la insuficiencia respiratoria.

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