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Esta curiosa imagen es una fotografía al microscopio de las uniones neuromusculares, esto es, las conexiones que establecen las neuronas (las motoras) de todo el cuerpo con los músculos para transmitirles los impulsos eléctricos y hacerlos moverse. En la fotografía vemos cómo se ramifican los axones (líneas oscuras) y cómo concluyen con una placa terminal (figuras ovaladas) que envía el impulso a las fibras musculares (bandas rosas), que son las células que conforman los músculos.

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Las neuronas musculares ramifican su axón de modo que suelen acabar inervando varias fibras, encontrándose máximos de una neurona para 500 fibras musculares. La cantidad de fibras musculares que inerva una neurona es inversamente proporcional a la precisión del movimiento que se consigue. Es decir, cuantas más fibras inerve una neurona, menos “fino” será el movimiento resultante. En aquellos músculos con los que ejecutamos movimientos finos y de gran precisión, como los dedos o los labios, las neuronas motoras controlan un escaso número de fibras musculares. Incluso tenemos neuronas dedicadas a una única fibra muscular.

Cuando el impulso eléctrico neuronal alcanza el final de la neurona motora, los canales dependientes de voltaje se abren permitiendo el paso de calcio del entorno extracelular y generar la reacción que abre las vesículas sinápticas y permite la salida del neurotransmisor (que en mamíferos suele ser la acetilcolina en este tipo de uniones) y transmite el impulso.

Y esto ocurre en miles de neuronas en cuestión de nanosegundos cada vez que te mueves. 

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