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MIrandoAlPasadoMuchas veces hemos oído consejos como “no hay que vivir en el pasado”. No obstante, y aunque parezca una respuesta cruel de la neurología, lo cierto es que el ser humano vive perpetuamente en el pasado sin poder remediarlo. Parecerá un rebate quisquilloso contra estos consejeros, pero se trata de una forma divertida de poner nuestra existencia en discusión. No se trata de que seamos unos obligados melancólicos sino de una simple cuestión de tiempo: el que nuestro cerebro necesita para procesar la información.

Recuperemos lo que escribimos en el post “¿Qué es más rápido? ¿Tus neuronas o un Ferrari?“. Apuntamos que la mayor velocidad de transmisión que alcanzaban las neuronas del ser humano era aproximadamente 432 Km/h. Si hacemos un simple cálculo, hallamos que el impulso nervioso viaja por nuestras vías más rápidas a unos 12000 cm/seg. Imaginemos que nuestro cerebro tiene la tarea de procesar visualmente un estímulo. Imaginemos, para simplificar, que la vía desde nuestros ojos hasta el córtex visual (parte posterior del cráneo) está compuesta por un único axón capaz de transmitir a estas velocidades. Si consideramos que el cráneo medio mide de frente a occipital unos 17 cm, hallaríamos que la información visual tarda en alcanzar ese córtex 0,0014 segundos. Sólo en llegar, luego falta procesarlo.

cerebro_femenino_filipides42-robi.blogspot.com_Ahora bien, hemos de ser realistas: la conexión ojos-corteza visual no está compuesto por un único axón sino por miles. Tampoco se trata de una exacta línea recta. No se trata de un único cable y en la transmisión del impulso de una neurona a otra participan las transmisiones químicas, siendo estas transmisiones complejas compuestas por diversos procesos que “roban” también sus milisegundos a nuestra vida en el presente. Igualmente, no sólo captamos la realidad a través de los ojos. La información táctil que recogemos con los pies debe recorrer toda nuestra altura. También hay que considerar que el procesamiento de la información no se realiza en una única región de la corteza sino que debe propagarse dentro de la misma, como es el caso de la corteza visual, y hacia otras cortezas, como las áreas de asociación, encargadas de procesar la información recibida de las áreas sensoriales. También, para ser más quisquillosos aún, hemos de considerar el tiempo que tarda la luz en viajar desde el estímulo hasta nuestros ojos.

Aunque nos resulte difícil concebirlo, la realidad que percibe el ser humano ha ocurrido hace unos cuantos milisegundos. Como la luz que nos llega desde las estrellas a nivel macro, lo que vemos, oímos, sentimos, gustamos, etc, ha ocurrido un leve (levísimo) instante atrás. Este lapsus, no obstante, ha sido lo suficientemente pequeño como para permitirnos reaccionar a tiempo ante los peligros o para darnos cuenta de nuestras necesidades.

La realidad podría desaparecer y nos daríamos cuenta unos milisegundos más tarde.

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