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Representación de la época de afectados por la Peste Negra con los característicos bubones.

Uno de los episodios más negros de la historia de la humanidad, por suerte o por desgracia, no estuvo protagonizado por el ser humano, no al menos en el lado de la causa. Fue protagonista en el triste lado de las víctimas, víctimas que ni siquiera llegaron a saber cómo era su enemigo ni cómo lo atacaban. Hablamos de la Peste Negra.

La ciencia, tiempo después, logró ponerle rostro a lo que en principio parecía un enemigo invisible. No era invisible, pero sí muy pequeño. Se trataba (y se trata, pues todavía sigue entre nosotros) de la bacteria Yersinia pestis. Esta bacteria está detrás de varios tipos de peste, pero la más común es la famosa peste bubónica que azotó el mundo en el siglo XIV.

La Yrsinia pestis es un bacilo que concentra su acción en el sistema inmunitario del ser humano (puedes leer más sobre el sistema inmunitario en “¿Por qué el buen humor ayuda a los enfermos?“). A través de su inyección en sangre debido a una picadura (las causantes de la Peste Negra parecieron ser las pulgas de las ratas), la bacteria llega a los nódulos linfáticos, donde genera las características hinchazones de esta enfermedad, los bubones, que quedaron plasmadas en el arte de la época.

El bacilo Yersina pestis

El bacilo Yersina pestis

La Yrsinia pestis, a su vez, está rodeada de una sustancia viscosa que impide actuar a los macrófagos, un tipo de células defensoras, impidiendo que éstas puedan fagocitarlas (“comérselas”) y eliminarlas del organismo. Debido a que esta primera respuesta defensiva queda anulada, el sistema inmunitario inicia otra respuesta defensiva: la inflamación del tejido. En este tiempo, la Yrsinia pestis se va desplazando afectando a nuevos ganglios y volviendo finalmente a la sangre para repetir el proceso. Ante la gravedad de la infección, la respuesta de inflamación que tiene el cuerpo llega a ser peor que la enfermedad, incurriendo generalmente en sepsis, es decir, una enfermedad causada, por así decirlo, por una inflamación exagerada.

Los daños causados por esta sepsis no los provoca la bacteria Yrsinia pestis sino el propio organismo tratando de librarse de ella. El organismo, en su lucha, aumenta la temperatura, desciende la presión arterial y reduce el ritmo de circulación general, lo que acaba trayendo nuevos problemas: la insuficiencia de riego sanguíneo provoca delirios y confusión, escalofríos, mareos, erupciones, hemorragias (que dan lugar a las características manchas negras de la enfermedad), brotes de gangrena y mucho dolor. La muerte por el defecto en el funcionamiento de la mayoría de órganos llega a los pocos días. La peste bubónica debe tratarse debidamente antes de llegar al estado de sepsis pues llegado este punto suele ser mortal.

La forma más común de contagio es a través de las comentadas picaduras de pulga que a su vez picaron a animales infectados, aunque también puede transmitirse a través de alimentos o directamente a los pulmones por el aire. Las condiciones poco higiénicas en que vivía la mayoría de la población en aquella época propiciaron la rápida expansión de esta plaga. Llegó a aniquilar a unos 85 millones de personas aproximadamente (unos 25 millones en Europa y unos 60 en Asia), un tercio de la actual población de Estados Unidos y unas 5 veces las víctimas del odio racial de Adolf Hitler.

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La rata negra común, considerada principal vehículo de la Peste Negra.

Además de las víctimas de la enfermedad deben sumarse las víctimas que provocaron los disturbios de origen social y político causados por la plaga: los judíos, en un entorno de mayoría cristiana, fueron acusados de estar detrás de esta muerte invisible.

Las primeras muestras conocidas de afección al ser humano de la Yersinia pestis se remontan al 1300 a.C. en Egipto.

Si hay que agradecerle algo a la Yersinia pestis es que el drástico descenso de la población obligó a sus coetáneos a impulsar el desarrollo industrial para suplir el consecuente descenso de disponibilidad de mano de obra barata, generando una necesaria evolución tecnológica.

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